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El Futuro Depende de nuestra Capacidad de Adaptación: Compostaje
28/01/2021

El suelo es una mezcla de materia orgánica e inorgánica, de origen biológico y mineral, con composiciones (y propiedades) muy variables desde el punto de vista químico, físico y biológico, que se alimenta desde los pastos anuales hasta los árboles plantados por nuestros antepasados. Son los organismos que componen el bioma del suelo (lombrices, insectos, hongos, bacterias, entre muchos otros) los que degradan y transforman los desechos vegetales y animales, movilizando y poniendo a disposición los nutrientes resultantes de este proceso en formas asimilables por las plantas. Dado que el compost idealmente imita el suelo, debe ser rico en organismos benéficos y equilibrado en nutrientes con alta biodisponibilidad.

Entre las diversas opciones de compostaje en el contexto de Montado / Dehesa, el compostaje en pilas es la opción más común, ya sea en pilas simples (cortas) o en filas (pilas largas), dependiendo de la cantidad de material, espacio y maquinaria disponible.

     

La materia prima necesaria para el compostaje suele estar disponible en la explotación, es decir, los restos de podas y aclareos (fuente de carbono) y los residuos de las camas y las instalaciones ganaderas (estiércol - fuente de nitrógeno).
Para obtener un compost de calidad es necesario prestar atención a factores como: el calibre de los materiales, su proporción en la mezcla, la humedad, la temperatura y la disponibilidad de oxígeno en la pila de compost.

     

Una temperatura y humedad insuficientes, así como el exceso de carbono (C), inhiben el proceso, mientras que el exceso de humedad y nitrógeno (N), o una aireación insuficiente, conducen a la descomposición anaeróbica (sin oxígeno), provocando olores de putrefacción y un producto con diferentes propiedades de las deseadas.
El control adecuado de estos factores aumenta la velocidad y la calidad del proceso de compostaje.

     

De esta forma, es posible cerrar ciclos en la finca, mediante la valorización de residuos usualmente quemados (como las podas) y con concentraciones de nutrientes con potencial contaminante (estiércol), dando como resultado un producto de valor agregado que contribuye a: i) fertilización del suelo (aumento de la biodisponibilidad de nutrientes); ii) mejora de su estructura (más aireación, mejor retención / drenaje / percolación de agua); iii) promoción de microorganismos benéficos, aumentando la velocidad de los ciclos del nitrógeno y carbono y metabolizando el exceso de nutrientes, integrándolos en la cadena trófica del suelo; iv) reducción del volumen de residuos oxidados que liberan gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera (metano y dióxido de carbono), y, simultáneamente, aumento de la capacidad de fijación de carbono del suelo por la acción de los microorganismos que lo integran.
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